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Historias de Voluntarios XXVIII

El cisne negro voluntarios historias de voluntarios (1)Creo que la sonrisa es lo que define a cualquier voluntario. En mi caso, comencé hace 10 años como voluntaria, un poco por casualidad. A decir verdad, una casualidad buscada. Fue un invierno que nevó. Pensé que los animales de la protectora tendrían frío, así que revise mi armario y saqué unas mantas viejas a las que aún les podrían dar uso.

Lo subí y una vez allí me preguntaron si quería pasear a un perro. Se llamaba Calipso, era de tamaño pequeño pero tenía algunos años. No llevaba mucho y era muy bueno. Aquel primer paseo me marcó.

Siempre había pensado en que me darían mucha pena y no lo podría soportar, pero aquel día aprendí que mi pena no les iba a ayudar. Así que, volví a la siguiente semana, rellené el formulario y me hice voluntaria. Y entre paseos y sonrisas fue creciendo mi vínculo con ellos. Y no sólo de eso vive un perro o un gato. Era una oportunidad para trabajar sus miedos y a la vez los míos.

Se puede ser voluntario de muchas maneras y de cualquiera saldrás aprendiendo de ellos y viendo el mundo con otros ojos, los suyos. Desde limpiar una jaula, medicar, cepillarlos o simplemente sentarte con ellos, todo te llena.

Actualmente, no soy voluntaria en el refugio ya que adopté a una senior maravillosa, mi Luna y decidí coger una “baja por maternidad”. No era un caso fácil y requería de todo mi tiempo, pero esa historia la dejo para otro día. Aún así, sigo colaborando de otras formas: con donaciones, difundiendo animales en adopción, apoyando los eventos que hacen las asociaciones….

Haceros voluntarios y entre otras cosas, ganaréis una gran sonrisa y un brillo especial en los ojos.

El cisne negro voluntarios historias de voluntarios (2)Mari Carmen Ruiz