Un día diferente

Hace un año que, por casualidad… o no, entré en contacto con el mundo animalista y tuve la gran suerte de conocerlo a través de la Asociación El Cisne Negro. Ahora es habitual oír hablar de diferentes entidades, organizaciones, grupos asociativos… sin ánimo de lucro y que, con toda su empatía y disposición, se activan para ayudar al más necesitado, pero qué sucede con ese animal, llámese perro, gato, hámster, conejo, etc, que no puede defenderse, que no puede pedir ayuda deliberadamente, y no por eso deja de necesitarla.

El Cisne Negro me ha mostrado, de primera mano, que se puede proteger de muchas maneras a ese ser que, por mucho dolor que reciba, siempre está dispuesto a perdonar y a volver a abrir su corazón a un nuevo o nuevos humanos que lo quieran acoger.
Lo pude comprobar personalmente el domingo 22 de marzo, en una Jornada de Voluntariado en el Refugio La Amistad de Vallirana. Yo me estrenaba en esas tareas y sentí todo lo que he comentado unas líneas más arriba.
Aproximadamente 80 peludos esperando con ansias la compañía, el saludo, las caricias… de un humano, de un ser que probablemente le haya infringido un mal-trato en un pasado, pero ¿sabrán que venimos a ayudarlos? Me preguntaba yo. No lo sé, tal vez lo intuyan o simplemente estén dispuestos a disfrutar de ese momento contigo.

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Dicen que el animal vive sobretodo el presente y eso hicieron. Mili, que desde su quietud observaba cómo limpiábamos de malas hierbas y de cacas el terreno, Víctor, entrometiéndose entre las piernas de todo aquel que pasaba, Laika, que se unía a la fiesta de la limpieza y las caricias. Qué decir del peludo que salía por primera vez de los cheniles interiores…? o de Tostón, que se asustaba de tu presencia por no poder anticiparte a causa de su ceguera y su sordera… y de tantos otros con historias dolorosas e increíbles, pero que ahora están en manos de Isabel, Paqui, Sara, Viqui y tantas otras personas, entre ellas los miembros del Cisne Negro, que prefieren dejar el sofá de los fines de semana para acercarse a verlos y a compartir un rato con ellos.

Fue una experiencia que nunca olvidaré, un trabajo en común y cooperativo en el que se limpiaron y ordenaron gran parte de las instalaciones. Pero no olvidemos que hay muchas maneras de ayudar: donaciones, siendo teamer, promoviendo acogidas y/o adopciones, etc.

Gracias por dejarme participar de una Jornada así. Ese día dejé unas donaciones en el Refugio, pero volví a casa más cargada… de cariño, de vivencias, de agradecimientos y… barro.
Todos deberíamos poder tener una experiencia de este tipo alguna vez en la vida.

el-cisne-negro-voluntarios-refugio-la-amistad-voluntariadoCon cariño,
Lorena Matamoros

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