Historias de Voluntarios XXV

Mi inicio como voluntaria es una historia de dos o mejor dicho de tres, Edu, Ninfa, un ser maravilloso que inicio todo esto y yo.
Todo empezó con una llamada de teléfono de FAADA, por si queríamos recibir información sobre animales abandonados y quien los ayudaba, a lo que no dude en decir que sí.
Al cabo de unos días me llegó una carta, siempre recordare al abrirla y ver una foto de una perrita blanca, sentí algo especial, en ella contaba su vida y decía: Hola soy Ninfa, soy una perrita maltratada, si me quieres apadrinar y conocer estoy en La Lliga protectora d’animals i plantes de Barcelona, y a allí fuimos a conocerla, y aquel día cambió nuestra vida.

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Indiscutiblemente nos enamoramos de Ninfa, de aquel lugar y sus habitantes, al mes de ser padrinos nos hicimos voluntarios.
Aprendimos a limpiar jaulas, medicarlos, cuidar de ellos, pasearlos, quererlos. Junto a todas las personas que ayudan a que su vida sea mejor, hemos llorado, reído con ellos, me llevo amigos para toda la vida, parte de mi familia, sin ellos nuestro crecimiento personal no sería posible.
Más tarde nació El Cisne Negro, lo hemos visto crecer y es un orgullo, que aunque no podemos colaborar como voluntarios por tema de trabajo, pertenecer y ser unos cisnes.
Ahora más que ir de voluntarios, somos casa de acogida, así conocimos a El club de Kat asociación con la que colaboramos, sin dejarnos a Animals sense sostre, protectora con la que también tenemos relación.

No me imagino nuestra vida sin ayudar a los animales, cuando logramos que uno de ellos tenga un hogar vamos ayudar a otro, pero sin olvidar que es un trabajo en equipo voluntario o casa de acogida es un eslabón en una cadena, sin ese trabajo conjunto no es posible, sin el apoyo incondicional de la protectora, asociación, amigos y familia.

el-cisne-negro-voluntarios-historias-de-voluntario-eli-3Siempre recordare cuando era jovencita que le decía a mi madre, si me toca la lotería quiero ayudar a los perros y gatos callejeros, en mi barrio, al vivir al lado de la montaña, abandonaban muchos perros y gatos que junto a mi madre intentábamos ayudar, mi madre les hacia casetas a las gatitas recién paridas, y les bajaba comida a los animales abandonados, por eso siempre pensé que algún día iría a un refugio a buscar un animal.

No me ha tocado la lotería así como pensamos, o sea con dinero para ayudarlos, pero si me ha tocado porque el destino me llevó a poder colaborar con nuestro amor y dedicación que es recompensado hasta el infinito.
Me gustaría agradecer a todos mis animales, adoptados, acogidos, a La Lliga de Proteccio d’animals i plantes, El Cisne Negro, El Club De Kat, Animals Sense Sostre, a mi gran Edu que es un loquito como yo y que siempre está a mi lado, a Ninfa, Apolo y Boby por empezar esta gran etapa ,mi familia y amigos por entender y apoyar mi forma de vida y en especial a mi madre que me enseño amar a los animales y a mi primera perrita Tarha con ella aprendí a que no solo era un perro, que era mi hija.

Elisabeth Ayma Lloret

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