Historias de voluntarios II

Bueno, pues aquí estoy después de recoger el testigo que Laura me pasó para explicar la historia que cada 15 días los voluntarios del Cisne Negro os contaremos.

Ya hace 6/7 años que soy voluntaria en este mundillo animalista. Desde mucho antes me he dedicado a otras cuestiones relacionadas con las solidaridad pero nunca me había atrevido a presentarme en una protectora, a pesar de que desde mucho tiempo atrás tenia ese runrún… finalmente me decidí y ojalá lo hubiese hecho mucho antes.

Podría resumir que el ser voluntaria para mí es vivir siempre en una vorágine de emociones, en ocasionesde alegría y en otras de tristeza por la rabia e impotencia que sientes al constatar que aunque dediques horas de sueño, de vida personal y familiar y te esfuerces al 100%, nunca es suficiente.

Hay que dejar a un lado el tópico de : “no puedo ir porque me sentiré tan mal que querré llevármelos a todos”.

SI, para que engañaros, es verdad, eso nos pasa a todos y más cuando ves esos ojos que te piden que lo saques de la jaula para un paseo, unas caricias… Y cuando la respuesta es tanto el agradecimiento, no te queda más remedio que armarte de valor y volver una y otra vez, sopesando lo que supone tu ayuda.

No solo están las jornadas de voluntario en las protectoras, no nos olvidemos de ese trabajo “invisible”de recogidas de alimentos, medicinas, de concienciar a cuantos te escuchan de que no compren animales, de que los adopten, que esterilicen y un largo etc., entonces te detienes a pensar y compruebas que con ello has contribuido a paliar muchas necesidades de esos pobres animales que no se merecen estar donde están.

OS ANIMO A TODOS A QUE HAGAIS LA PRUEBA Y OS CONVIRTAIS EN VOLUNTARIOS, me lo agradeceréis.

 Clara Carrillo

Voluntaria de El Cisne Negro

Y la próxima historia os la contará Judith ¡

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